Hablar hoy de obesidad significa referirse a la más importante epidemia que afecta a la humanidad en este siglo. Dada la importancia de este hecho y sus consecuencias sobre la salud de la población, es que los organismos internacionales están haciendo lo imposible para frenar este arrollador y desmesurado proceso.
Hace pocos años (1997), la Organización Mundial de la Salud
incluyó a la obesidad, entre las enfermedades epidémicas. Tal decisión se
fundamentó en los datos estadísticos del aumento de esta enfermedad, que se
informó desde casi todos los países del mundo. En todos ellos se ha visto, que
el número de obesos crece en forma alarmante, por lo que se espera que, de no
mediar acciones que modifiquen esta realidad, sucederá un incremento muy
importante de esta enfermedad y de sus patologías asociadas, como la diabetes,
enfermedades coronarias, hipertensión arterial, disl¡pidemias, etc.
La epidemiología de la obesidad, no es solo el estudio de la
frecuencia y distribución de la misma, en una población dada, sino también
cuales son los factores y circunstancias que la causaron y como podemos
modificarla. Los estudios epidemiológicos de la obesidad son recientes: hasta el
año 1960, no era considerada un problema importante para la salud pública. En
1974 con la aparición del libro de Garrow “Energy balance and obesity in man”
y el primer congreso Internacional de Obesidad realizado en Londres, comenzó
a darle importancia a esta enfermedad. Pero puede decirse que recién en 1980 con
la escuela de Suecia liderada por Bjöntorp, fue cuando se comenzaron con los
estudios recientes y más significativos de obesidad.
La obesidad puede definirse como el incremento de grasa corporal,
en relación con la masa magra (libre de grasa) que en general se acompaña con
aumento del peso corporal. En 1983 el Nacional Center for Health Statistics (NCHS)
diferenció entre sobrepeso y obesidad, aclarando que el primero se refiere al
exceso de peso para la talla, debido a un aumento de la masa muscular, y la
obesidad como un aumento de la grasa corporal. Aunque en general se considera al
sobrepeso también como un paso anterior a la obesidad con aumento de grasa
corporal.
Podemos saber si una persona está en su peso aceptable, con
sobrepeso o con obesidad, utilizando para ello el Índice de Masa Corporal (IMC).
Este es la relación entre el peso del paciente en Kg. y la talla en cm. al
cuadrado. Por ejemplo una persona que mide 1,7 m de estatura y pesa 75 Kg. Tiene
un IMC de 25,9 que surge de la siguiente fórmula Peso 75 Kg. Dividido la talla
1,7 al cuadrado (1,7 x1, 7) = 2,89 (75 / 2,89= 25,9). Por convención se acepta
que si el IMC está entre 18,5 y 24,9 la persona es de peso normal; si está entre
25 y 29,9 existe sobrepeso y si es mayor de 30 hay obesidad.
También es importante considerar la localización del exceso de
grasa corporal, cuando esta se localiza significativamente en la zona abdominal,
hablamos de obesidad central o abdominal. Para detectarla se mide la
circunferencia de la cintura en la parte media entre el reborde costal y el
hueso de la cadera. Con esta medida y la circunferencia de la cadera se obtiene
el Índice cintura/cadera que define la presencia de obesidad abdominal si es
mayor a 0,82 en la mujer y 0,94 en el hombre. Por ejemplo: circunferencia
cintura 91 cm. Y de cadera 72 cm. El índice de cintura/cadera de 91/72 = 1,26
por lo tanto estamos ante una obesidad abdominal.
El aumento de solo un centímetro en la circunferencia de la
cintura, eleva el riesgo de padecer diabetes un 35 % en los hombres y un 28 % en
las mujeres. En tanto que un punto más en el Índice de Masa Corporal (IMC) (es
el equivalente a tres kilos) eleva el riesgo un 29 % en los hombres y un 18 % en
las mujeres.
La epidemia de Obesidad está en aumento, según algunas
estadísticas. La cantidad de Americanos que tiene sobrepeso supera el 64 % o
sea más de 120 millones de personas. En la Argentina el problema no es
mucho menor, se dice que hay más de 20 millones de personas mayores de 18 años y
que el 65% tendrían sobrepeso, aproximadamente 13 millones.
Recuerde que en estudios recientes se ha confirmado que el exceso
de grasas alimentarias, es el fantasma que estaría detrás de esta epidemia de
obesidad