Este proceso tan común en la consulta médica, tanto para los internistas como en los gastroenterólogos, es un trastorno funcional de la vesícula biliar, que responde a múltiples factores
Cuando los médicos hablamos de trastornos funcionales nos referimos a las
alteraciones de la función de los órganos que se alteran en su funcionamiento
normal, sin presentar lesiones orgánicas aparentes. Estos trastornos presentan
signos y síntomas clínicos como cualquier otra enfermedad.
La
vesícula perezosa o disquinesia biliar (para los médicos), se caracteriza por
presentar síntomas vesiculares crónicos, de dolor y dificultades digestivas de
tipo recurrente, sin explicación clara, casi siempre acompañados de estudios
(ecografías, radiografías, análisis, etc.) todos normales, o sea sin patología
apreciable por dichos estudios.
Los
síntomas más comunes de esta afección, son: los dolores ( que pueden o no
estar presente) en la zona hepática, de mediana intensidad asociados casi
siempre con la ingesta de ciertos alimentos, las flatulencias o gases, la
distensión abdominal con la sensación de “estómago lleno”. Con marcada
intolerancia a los alimentos grasos. Esto ocurre por que al no haber una
adecuada función biliar, la absorción de estas se ve alterada.
Se
hace crónico por que muchas veces, las medidas terapéuticas e higiénico
dietéticas que el paciente debe asumir para normalizar dicho cuadro, no siempre
las cumple. En esta, como en casi todas las enfermedades funcionales del aparato
digestivo, el sistema nervioso del paciente, cumple un rol fundamental. Tanto
en la causa como en el mantenimiento y curación de la misma.
La
organización de las comidas, el tiempo correcto para realizar una adecuada
digestión, el fraccionamiento de las mismas a lo largo del día, el tamaño de las
porciones y los horarios de las ingestas, son factores fundamentales para la
corrección de los síntomas de la vesícula perezosa.
La
vesícula biliar es un órgano de reservorio de la bilis, sustancia esta,
primordial para la digestión de las comidas, especialmente para las grasas y
para la absorción de las vitaminas. Por muchas causas (cálculos, inflamaciones o
procesos malignos) este órgano debe ser extirpado. Esto se puede realizar
actualmente por una simple intervención por vía endoscópica, o sea a través de
un tubo y una pequeña incisión. En el caso de la vesícula perezosa el
tratamiento no es quirúrgico, tomando las medidas adecuadas se puede superar o
casi normalizar.