Es típico, cuando padecemos problemas emocionales o estrés, descargarse y arremeter con la comida. La frase común de mucha gente, que visita los consultorios médicos para liberarse de sus kilos de más es: ''Doctor, mi problema es la ansiedad''.
En estos
casos se pone en marcha un síndrome de abstinencia que intenta calmarse
ingiriendo alimentos. Para no engordar, la dieta debe basarse en tres pilares
fundamentales: hidratos de carbono complejos (pan, pastas, arroz, polenta, todo
tipo de cereales, legumbres) frutas y verduras.
Los
hidratos de carbono complejos (más aún si son integrales) proveen al organismo
de energía inmediata pero sostenida. Por el contrario, los hidratos de carbono
simples (dulces, azúcar) dan energía pero a un mayor costo calórico, y sin
una sensación de saciedad duradera.
Las
frutas y verduras, por otra parte, aportan fibra, vitaminas y minerales que
funcionan como reguladores naturales del organismo. Las frutas pueden
convertirse en un excelente aliado, incluidas en el desayuno, la merienda y
colaciones de media mañana y media tarde, acompañadas de yogur, pan o
cereales. El café no es aconsejable, especialmente para los fumadores, porque
suele evocar siempre al hábito. En cambio, podrán preferirse infusiones como
el té y las gaseosas sin azúcar.
Chicles
caramelos y pastillas serán una tentación. Hay que elegir sus versiones
dietéticas. Está comprobado que en los ataques de ansiedad, el alimento más
recurrido es el chocolate. Un buen reemplazo para tener en cuenta son las barras
de cereales, que tienen entre 90 y 110 calorías.
No es
aconsejable saltear comidas porque el atracón será mayor. Es importante
realizar el almuerzo, que no necesariamente debe ser abundante (ensaladas,
carnes, pastas, sándwiches que incluyan verdura), pero sí suficiente para
continuar con las tareas. Una pequeña merienda evita el bocadito o picada antes
de la cena, una trampa basada en fiambres y otros alimentos ricos en sodio y
grasas que agregados al alcohol pueden sumar tantas calorías como una comida.
En lugar de eso, un caldo, una fruta, yogur o una caminata pueden ayudar a
frenar el ritmo agitador del día y esperar sin tanta ansiedad el momento de la
cena.