Lácteos, frutas y cereales, en sus diferentes versiones pueden constituir un desayuno básico; el resto dependerá de cada uno, de la actividad a desarrollar, de la extensión de la jornada, de la edad y también de los gustos. Una alimentación adecuada al comenzar el día nos puede ayudar a mantener las "pilas", sin embargo no todo lo que oye habitualmente sobre el tema es cierto en un ciento por ciento. Les proponemos algunas opciones.
Seguramente usted escuchó aquello de que "hay que desayunar como un rey, almorzar como un príncipe, merendar como un caballero y cenar como un mendigo".
Y seguramente también se habrá preguntado cuándo hay de cierto en esta afirmación.
Usted ya sabe que mi intención no es la de erigirme en consejero porque sí no más.
Por el contrario, la idea es la de abordar juntos aquellos temas que, por
diferentes razones, resultan de interés a casi todos, aunque no descuido
tampoco los que interesan a las minorías.
En
este caso elegí el desayuno porque la vida actual nos obliga a movernos a un
ritmo que muchas veces no nos deja tiempo para almorzar ni para comer poco y
varias veces por día, como suele ser aconsejado. Es entonces cuando surge la
recomendación de parientes y amigos: “Tenés que desayunar bien, así no te
cansás” o “Tenés que comer bien por la mañana así tenés energías para
todo el día!”.
Quisiera
decirles que, en principio, esto no es tan cierto. Quizá en tiempos antiguos,
cuando los trabajos eran más pesados, sí era conveniente hacer un desayuno
completo, dado que generalmente la jornada comenzaba muy temprano y, hasta la
hora de regresar a casa, por la tarde y en especial para quienes trabajaban en
zonas rurales, no había oportunidad de comer nada, por lo que era necesario
salir por la mañana con todas “las pilas”.
Hoy,
y sobre todo en las grandes ciudades, existen muchas opciones para reemplazar el
almuerzo o aportarle al organismo las energías que necesarias para mantenerse
en forma durante una jornada extensa de trabajo, estudios o ambas cosas y, si
bien todavía existen las jornadas largas, por lo general se cumplen en oficinas
y con más desgaste intelectual que físico, lo que también requiere su “combustible”.
Por lo tanto, cuando me
preguntan cuál sería el desayuno ideal, siempre digo que éste depende de la
intensidad de la actividad a desarrollar, de la edad de la persona, de sus
condiciones físicas y de sus gustos. Sin embargo, es posible armar un “desayuno
base”, en principio, con los siguientes alimentos:
-
una
porción de lácteo (leche, yogur, queso)
-
un
vaso de jugo de fruta o una fruta
-
dos
rodajas de pan o media taza de cereales
Con
estos tres ingredientes ya tendríamos el desayuno básico genérico que deberá
adaptarse finalmente a las condiciones que describí antes.
En
los casos de quienes no tienen tiempo para almorzar y su jornada termina muy
tarde, a este desayuno básico le pueden agregar un huevo, tres
fetas de jamón u otra fruta, por ejemplo.
Es
cierto que muchas personas experimentan cierto rechazo por la comida matinal y
esto constituye un verdadero problema. Esto, a veces, sucede por falta de
costumbre por lo que lo ideal, entonces, es incorporar los alimentos mencionados
de a uno por vez, dejando pasar dos o tres semanas entre uno y otro, hasta que
todos hayan sido incorporados.
Hace
poco tiempo apareció una información donde se hacía referencia a estudios que
indicaban que alimentarse bien por la mañana mejoraba el funcionamiento
intelectual de los chicos en edad escolar. Varios pacientes me preguntaron sobre
la veracidad de este concepto y, para responderles, elijo remitirme a una
canción de Joan Manuel Serrat, cuya letra dice “Uno sólo es lo que es, y
anda siempre con lo puesto” ¿Cómo se
relaciona esto con lo del desayuno completo? En que no es cierto que por
desayunar bien se mejore la capacidad intelectual, aunque sí es cierto que
quienes no lo hacen pueden tener un déficit de atención, de memoria y de
aprovechamiento del aprendizaje.
¿Sugerencias
para un buen desayuno y siempre que no existan contraindicaciones?
Para
chicos en edad escolar
Opción
1: Una taza de leche (o un yogur) con cereales y un jugo de fruta exprimido.
Opción
2: Una taza de café o té con leche más tres o cuatro galletitas (o dos
tostadas) con mermelada de frutas y dos cucharadas de queso blanco, o un trozo
de queso fresco.
Opción
3: Una taza de leche chocolatada con dos o tres galletitas, o dos tostadas y
una porción de queso blanco. Un jugo exprimido de fruta.
Para
adultos
Opción
1: Un jugo exprimido de fruta (o una fruta), té o café y dos tostadas con
queso blanco más dos fetas de jamón. Si lo desea, puede agregar un (o medio)
yogur natural.
Opción
2: Fruta o un jugo exprimido, té o café con leche, tres galletitas con
mermelada y una porción de queso blanco.
Opción
3: Una taza de leche con cereales (o en reemplazo de los cereales, dos
tostadas) y un jugo exprimido de fruta.
Opción
4: Un jugo de fruta, una taza de té o café cortado con leche, dos
tostadas, una feta de jamón y un (o medio) huevo duro o pasado por agua. Puede
reemplazar la leche por medio pote de yogur natural.
Recuerde
que en algunos casos, si lo prefiere, puede reemplazar los cereales, el pan o
las galletitas por tres o cuatro frutas secas como nueces o almendras. Conviene
que el yogur sea natural y la leche, sobre todo cuando es poca cantidad, puede
ser entera o descremada. Para endulzar, una alternativa natural al azúcar y a
los edulcorantes, es la miel; pero recuerde que tiene prácticamente las mismas
calorías que el azúcar.