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En el caso de los vegetales, son una alternativa válida para quienes no disponen de mucho tiempo para preparar y cocinar los naturales. Prácticamente no presentan diferencias desde el punto de vista nutricional, aunque conviene equilibrar el consumo de los que se pueden comer crudos con los que deben ser cocidos, para aprovechar al máximo el nivel vitamínico de todos ellos. Qué se debe tomar en cuenta al adquirirlos.
Iba a hablarles de las mujeres de hoy que deben distribuir su tiempo entre la
casa, los chicos, el trabajo y otras múltiples actividades. Pero me corrijo y
voy a hablar de la vida de hoy. Y en este aspecto sería injusto no incluir a
las mujeres y los hombres que, sean o no madres o padres, viven solos. Y me
refiero especialmente a aquellos que deben desplegar una actividad intensa
durante todo el día y cuando llegan a la casa, por la noche, no tienen ni el
tiempo ni la voluntad de ponerse a cocinar como lo hacían, quizá, nuestras
madres o abuelas. Es impensable en estos casos llegar y tener que lavar,
preparar y hervir verduras, por ejemplo.
Afortunadamente, el cambio de las costumbres y de los estilos de vida va
acompañado de alternativas destinadas a alivianar ese tipo de tareas. Una de
ellas son los alimentos congelados que, en su mayoría, permiten la preparación
de platos nutritivos y sanos.
Hoy, en los supermercados es posible encontrar desde la más elemental jardinera
lista para introducir en la olla con agua a ebullición hasta platos más
sofisticados como brócolis a los cuatro quesos o espinaca con crema, que pueden
ser preparados en pocos minutos y quedan riquísimos. Pero claro, usted también
se lo habrá preguntado, ¿tienen estos alimentos el mismo valor nutricional que
un atado de espinacas naturales por ejemplo, o que un brócoli o una coliflor?.
Le respondo que, prácticamente, sí lo tienen. Las pérdidas vitamínicas que
sufren los vegetales con el congelamiento son mínimas, y hasta le diría que
sufren mayores pérdidas durante la cocción. Por eso lo aconsejable es cocinar
a fuego suave y en recipiente tapado, para que conserven en mayor medida todas
sus propiedades.
En cuanto a las diferencias más notables que tienen con respecto a las verduras
naturales, desde el punto de vista nutricional son casi nulas. Pero donde sí
las hay, es entre las que se comen cocidas y las que se comen crudas. Por eso es
que aquellos vegetales como la lechuga, el tomate, el berro, la radicheta y
otros de los que pueden ser ingerido sin ningún tipo de cocción, deben ser
alternados con los que sí deben ser cocidos. De esta manera estaremos
aprovechando al máximo todo el potencial vitamínico que se encuentra en cada
uno de ellos. Esto mismo vale para las frutas, ya que la vitamina C, por
ejemplo, queda inactivada en gran parte con la cocción. Pero como es muy
abundante en la naturaleza, sólo una restricción absoluta de vegetales frescos
y fruta puede traer como consecuencia su carencia (recordemos que esta carencia
se traduce en el escorbuto)
Una duda frecuente es qué debe decir en el envase de los vegetales congelados
para poder comprarlos con confianza. Como en todos estos productos, es
fundamental que figure la fecha de vencimiento. Pero otro detalle importante es
verificar que el contenido de las bolsas de verdura congelada mantenga las
piezas sueltas y no en forma de un bloque, ya que esto último puede
deberse a la pérdida de la cadena de frío en algún momento.
En ciertos casos, además de admitir ser conservadas en el freezer de la casa,
algunas también pueden ser mantenida 10 o 15 días en congelador común o uno
pocos días en heladera. En general esto no las altera debido a que, como todo
producto orgánico, sufren progresivamente la degradación biológica y la
proliferación de gérmenes, que tanto más se desarrollan cuando mayor sea la
temperatura. De modo que cuanto mayor sea el frío, mayor será el tiempo de
conservación de estos vegetales.
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