La obesidad infantil está creciendo, actualmente se ha podido comprobar que la cantidad de niños obesos es muy superior a la esperada. Este aumento en la mayoría de los casos es debido a causas ambientales y muy pocas a causas genéticas.
En el último año se ha
comprobado (según lo afirma el Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la
Sociedad Argentina de Pediatría SAP) que el 5,3 % de los chicos menores de 2
años de la provincia de Buenos Aires, presentaban obesidad. Cifra esta que
representa más del doble de lo esperado para una población normal (2,3%). En
tanto que la cantidad de niños obesos entre 2 y 6 años, es aún mucho mayor 7,5%.
La obesidad es una enfermedad
que muchas veces puede ser prevenida desde el embarazo. Está bien comprobado que
los niños que nacen desnutridos y que los hijos de madres que padecen diabetes
gestacional (diabetes durante el embarazo), presentan un mayor riesgo de padecer
obesidad. Debemos recordar, que no siempre que un niño llora, está reclamando
alimentos. Muchas veces pueden llorar por otros motivos.
Existen muchas situaciones, que
los padres podemos llevar a cabo y que ayudan a evitar la obesidad,
mencionaremos algunas de ellas:
·
Procurar darle
pecho por lo menos 6 meses y si es posible prolongarla.
La leche materna es el mejor alimento por ser el más completo para el bebé,
tiene componentes irremplazables para el desarrollo madurativo y los niños
amamantados tienen menos posibilidades de ser obesos, diabéticos o presentar
hipercolesterolemia. La inmunidad (protección) que les brinda es imposible de
reemplazar.
·
Después de los
6 meses, complementar la lactancia y no reemplazarla, con otros alimentos.
Este es el momento que el bebé comienza a sentarse y maduran los procesos
digestivos, aquí es fundamental la orientación del pediatra y la incorporación
de alimentos semisólidos, digeribles y de adecuado valor calórico.
·
Aprender a
ofrecer una alimentación variada y completa.
De a poco y hasta los dos años utilizar todos los alimentos, cuantos más colores
y variaciones presente el plato, es mejor.
·
Limitar la
presencia frente al televisor, a no más de 2 horas por día.
·
Estimular en lo
posible, las actividades infantiles al aire libre,
los chicos deben moverse lo más pasible, el sol es una fuente importante de
vitamina D.
·
Evitar todo
tipo de calorías vacías,
especialmente las bebidas dulces y las gaseosas de ese tipo. Las comidas
rápidas, no deben ser prohibidas pero tampoco estimuladas.
El comer es una acción que como
todos sabemos requiere aprendizaje. El bebé utiliza todos los sentidos para
comer. Si se lo alimenta sin facilitarle ese vínculo con la comida (controles
estrictos, mirando TV o sin interés) pueden aparecer problemas de la conducta
alimentaria en un futuro.
La alimentación no debe ser
compulsiva y hay que realizarla con mucha dedicación. No hay que confundir: dar
bien de comer con sobrealimentar. Muchas veces los padres pretendemos que los
chicos coman cantidades de comida que son superiores a las que el bebé puede
procesar. Muchas veces hay que tener en cuenta el ritmo de las ingestas no es
uniforme e igual todos los días, pueden variar hasta en un 40%, de un día a
otro.
Lo importante es observar el
crecimiento y desarrollo de un chico y darle una alimentación lo más variada y
completa posible, debe aprender de a poco y comer de todo. Como regla casera no
se olvide, cuando el plato de comida tenga varios colores, seguramente la comida
es variada.
Nunca se debe restringir la
comida a los niños menores de 2 años. La lactancia materna debe ser de por lo
menos 6 meses, debe ser alimentado de esta forma cuando: el lo requiera y la
madre sienta tensión en las mamas.