En general los especialistas en nutrición coincidimos en que los argentinos comemos 'aceptablemente' bien, incluyendo a muchas personas de menores recursos. Pero debemos reconocer que existen innumerables particularidades y diferencias entre los 45 millones de personas que viven y comen en este país.
Si bien es cierto que no comemos tan mal, pero lo hacemos muchas
veces en forma desorganizada y sin respetar todas las comidas. En los sectores
de mejor poder adquisitivo, cuando van al supermercado compran más por el envase
que por el contenido. Gastamos más de lo que deberíamos gastar, según el Indec,
el gasto promedio de la alimentación en los hogares está alrededor del 35% del
gasto total per cápita. La clase media se ve muy influenciada por la publicidad
y se consume más de lo que le ofrecen los medios, de lo que realmente se
dispone, probablemente por la oferta de una amplia gama de productos importados
o frescos no estacionales, como los higos y las frutillas que están disponibles
todo el año. También en muchos hogares de mejores recursos, incluyen las
endivias, la rúcula o los tomatitos cherry, alimentos que hasta hace no mucho
tiempo no se conocían y no existían. Lo que uno puede observar es que casi
siempre los alimentos que están incluidos en los carritos son los lácteos
(especialmente quesos y yogures descremados), las carnes, las frutas, las
verduras, las gaseosas, las galletitas y algunos alimentos congelados. La
educación alimentaria (especialmente en lo referente a las grasas y fibras)
también ha influenciado en la gente en los últimos años, ya ha disminuido la
venta de cortes de carnes con alto contenido graso a favor de los cortes magros
(más caras) como el lomo y el peceto. También ha aumentado el consumo de pescado
de aguas frías, aunque no lo suficiente. En los sectores más instruidos han
reducido y reemplazado el consumo de harinas y panificados blancos por productos
integrales y mayor consumo de frutas y verduras. Se nota un creciente interés
por los alimentos “sanos”. Según ciertas estadísticas (consultora AC Nielsen),
el año pasado en el mundo el consumo de alimentos y bebidas creció un 4%, en
tanto que en la Argentina aumentó un 7%. En este aumento predominaron los
yogures, las bebidas energizantes, el agua mineral y las barritas de cereales.
Pero la contradicción es una constante; al lado de estas opciones saludables en
todo el mundo las hamburguesas, las salchichas, las
papas fritas, panchos, golosinas, gaseosas y snack, mantienen los primeros
puestos de consumo.
Los adolescentes, configuran un sector de mala alimentación,
mientras están al cuidado y vigilancia del hogar (la madre), la alimentación es
buena, pero a partir de los 12 años comienza a complicarse. En la alimentación
de los adolescentes, en general y especialmente en la clase media; es carente de
calcio, hierro y zinc. En las mujeres en la época de la primera menstruación,
muchas presentan anemia.
Lo que comemos los argentinos guarda una directa relación con la
forma que tenemos de alimentarnos:
·
Está instalada la tendencia del aumento del número de comidas
realizadas fuera del hogar (los chicos, en los colegios o fast-foods, los padres
en el trabajo o restaurante) especialmente en las grandes ciudades. Se calcula
que el 60% de las personas hacen por lo menos una comida por día fuera del
hogar. Esto generó un marcado aumento de los lugares de comidas, restós o
restaurantes. Se calcula que en Buenos Aires hay por lo menos un lugar para
comer por manzana.
·
La tendencia también esta determinada por la difusión y
utilización masiva del “delivery”. Solo en Buenos Aires existen más de 60º
pizzerías, más de 150 casas de comidas y 700 agencias de mensajería para atender
la demanda a domicilio. Se supone que el “delivery” es un lujo y solo para los
pudientes, pero lo cierto es que la entrega a domicilio llega al 77% de los
hogares en esta ciudad.
·
Otro factor que influye en el cambio de las tendencias, es la
incorporación de la mujer en el mercado laboral. Hay estudios que demuestran que
este es motivo “del aumento de la demanda de alimentos congelados o listos para
consumir”.
Así como en las clases de escasos recursos o desempleados,
presentan carencias alimentarias por falta de ingresos; en clases media y de
altos ingresos, existe una verdad casi irrefutable: la mujer de hoy ya no
cocina. Las amas de casa que cocinan cada vez son menos. La importancia de
la mujer en la alimentación familiar, es decisiva. Es quien decide que se come.
Si esta no lo hace por que no puede o por que no lo sabe hacer, la resultante es
muy simple, la familia no come bien.
Todos sabemos que cocinar lleva tiempo, y este es cada vez mas
escaso, esto nos hace optar muchas veces por las comidas elaboradas, pero la
realidad es que muchas veces no sabemos lo que contienen o como están realmente
elaboradas. La mejor alimentación es y será la que se basa en alimentos no
elaborados y además son más económicos. Es cierto hoy la comida es barata, lo
caro es el tiempo para cocinarla. Mientras esto siga, así la alimentación de los
argentinos seguirá siendo muy contradictoria.