Una alimentación adecuada durante la lactancia con suficiente aporte de calorías y nutrientes (proteínas, aminoácidos, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales) es fundamental para el bienestar de la madre que lacta y para el crecimiento y desarrollo del bebé.
Las investigaciones de los últimos 30 años han demostrado inequívocamente que la lactancia exclusiva es el método más recomendable para el bebé durante los primeros 6 meses de vida.
Ventajas de la lactancia materna:
• Nutricionalmente superior a cualquier otra.
• Bacteriológicamente segura y siempre fresca.
• Inmunidad.
• Es el alimento infantil menos alergénico.
• Favorece el desarrollo mandibular y dental.
• Favorece el acercamiento madre-hijo.
El proceso de la lactancia es nutricionalmente muy demandante para la mujer durante dicho lapso. Se aconseja aumentar durante los primeros 6 meses en + de 500 calorías diarias. La cantidad de leche no depende de la alimentación, sino de la frecuencia de la alimentación del lactante, pero la composición de la misma sí depende de la alimentación materna. El aporte de proteínas debe ser importante, 15 gramos adicionales diarios durante los primeros 6 meses. El agua nunca menos de 500 y 800 ml. por día. En cuanto a las vitaminas y minerales, no son necesarios refuerzos en madres normales con una alimentación balanceada y normal.
La alimentación deberá ser lo más variada posible para que resulte suficiente, completa, armónica, equilibrada y adecuada.
Las necesidades de proteínas son mayores que las de una mujer en condiciones normales. Una gran parte de las mismas deberán ser de origen animal; dando preferencia a las carnes poco grasas, aves, pescado blanco y azul, huevos, leche y otros derivados lácteos.
Para complementar el resto de calorías de la dieta se deberá incrementar la cantidad de alimentos ricos en hidratos de carbono complejos (cereales, pan, arroz, pastas, papas y legumbres) sin necesidad de variar el aporte de grasas (aceites y manteca, ricos en ácidos grasos esenciales, vitamina E).
Ciertas vitaminas también se necesitan en mayor cantidad, especialmente la A, D, E, C, B1, B2 y ácido fólico. Por todo ello, además de tomar alimentos como carnes, lácteos, etc., ricos en vitaminas B1 y B2, es imprescindible un consumo muy amplio de verduras y frutas, puesto que aportan beta-carotenos (precursor de la vitamina A en nuestro cuerpo), ácido fólico y vitamina C. Se recomienda consumir una ensalada cada día y fruta fresca, al menos una de ellas rica en vitamina C -cítricos, melón, frutas tropicales, frutillas…, además de otras verduras cocidas en combinación con primeros platos o como guarnición de los segundos, para cubrir el aporte de dichas vitaminas y parte de la fibra necesaria para la madre.
Como los lácteos son la principal fuente de calcio, y este mineral es componente indispensable de la leche materna y necesario para evitar la desmineralización de la madre, se debería tomar al menos ¾ de litro de leche cada día, o bien ½ litro de leche y otros lácteos (yogures, cuajada, quesos poco maduros o fermentados, postres lácteos, purés y cremas elaborados con leche, queso fresco en ensaladas, salsa bechamel, etc.). La leche utilizada en la preparación de platos será preferiblemente desnatada para no excedernos en el margen de grasa de la dieta. La leche del desayuno y merienda puede ser entera o semidesnatada, por su aporte de vitaminas A y D.
Se debe asegurar un buen aporte de líquidos: zumos, infusiones y sobre todo agua, ya que la leche materna contiene un 85-90% de agua que se debe reponer. Es conveniente, cuando se va a dar el pecho, tener cerca un vaso de agua, ya que generalmente aparece sensación de sed.
Las bebidas alcohólicas están contraindicadas (la concentración de alcohol en la leche es la misma que la del plasma materno). No obstante, pueden tomarse con moderación si se tiene costumbre o emplearse en salsas, ya que con la cocción el alcohol se volatiliza.
Se debe moderar el consumo de bebidas excitantes (café, té, refrescos con cafeína), evitar el tabaco y diversos fármacos, ya que sus componentes también pasan a la leche.
Hay que excluir de la dieta aquellos alimentos que den mal sabor a la leche (ajo, cebolla, rábanos, espárragos, col, coliflor, coles de Bruselas, embutidos fuertes y especias en general).
Puede ser necesaria una dieta especial en los siguientes situaciones: madre adolescente, vegetariana o con determinadas enfermedades; no dude nunca en pedir consejo profesional.