Si bien es cierto que una persona que tiene hipertensión arterial debe evitar o restringir el consumo de sal, también se debe tener en cuenta que además hay otras pautas alimentarias y hábitos de vida que pueden ayudar a normalizar los valores de tensión arterial.
Entre los factores alimentarios y no alimentarios que favorecen la hipertensión arterial se encuentran: el consumo de alimentos salados o la elaboración de comidas con sal o el agregado de sal a las preparaciones; el sobrepeso o la obesidad; el consumo de alcohol; el consumo de cafeína; el estrés y el sedentarismo.
Por el contrario, hay otros factores alimentarios y no alimentarios que favorecen la normalización de los valores de tensión arterial.
Entre los factores alimentarios se encuentra fundamentalmente la dieta Dash, que promueve el consumo de cantidades adecuadas de potasio, magnesio y calcio, en detrimento de la ingesta de sodio.
Entre los factores no alimentarios está fundamentalmente la práctica regular de actividad física, principalmente aeróbica.
El potasio está altamente distribuido en los alimentos porque es un componente esencial de todas las células. Sus principales fuentes son todos aquellos alimentos no procesados, no industrializados, como por ejemplo las frutas, los vegetales y las carnes frescas.
El magnesio se encuentra principalmente en legumbres, semillas, frutas secas, cereales integrales y vegetales verdes.
Los alimentos fuente de calcio son los lácteos; o sea, la leche, el yogur y los quesos. En este caso, se debería optar por consumir quesos sin sal para evitar el elevado aporte de sodio que caracteriza a este alimento.
El sodio, mineral a evitar, se encuentra en la sal de cocina o sal gruesa; la sal de mesa o sal fina; los alimentos salados como fiambres, embutidos, conservas, productos de copetín, mariscos, alimentos en salmuera, pickles, caldos y sopas concentradas, quesos de rallar, panes, galletitas y otros productos de panificación. Además de estos alimentos, sería conveniente también evitar el polvo para hornear, los alimentos congelados, los edulcorantes con base sódica como el ciclamato o la sacarina, los alimentos industrializados y las pseudosales dietéticas como las de ajo, cebolla, apio, etc., que contienen cantidades no convenientes de sodio.
En reemplazo de la sal, se sugiere agregar a las preparaciones condimentos aromáticos, ácidos o picantes, de acuerdo a gustos y preferencias.
Se debe tener en cuenta que también se comercializan en el mercado sales dietéticas y modificadas.
En el caso de las primeras, no contienen nada de sodio, pero sí potasio o amonio; por lo tanto, aquellas personas que tienen algún tipo de patología renal o hepática es conveniente que consulten con un profesional antes de consumirlas.
Con respecto a las sales modificadas, se caracterizan por contener menor cantidad de sodio que las comunes, pero de cualquier manera se debe moderar y controlar su consumo porque si se usan indiscriminadamente, se corre el riesgo de estar aportando la misma cantidad de sodio que si se usara una sal común.