Ser obeso no es fácil. Resulta que en toda persona cuyo peso sobrepasa los límites saludables, suceden hechos y circunstancias que influyen notablemente en su vida personal y de relación. Uno de los principales problemas que deben enfrentar es el relacionado con su salud, aunque dejaremos eso para otro momento, ya que hay otros detalles interesantes que quisiera analizar dentro del "drama de un obeso".
Uno de los primeros y principales motivos de preocupación es la ropa. Hoy en día, las vidrieras de los principales negocios de prendas de vestir muestran modelitos que parecen ser destinados a verdaderos espárragos andantes. Si bien en la actualidad la moda biafrana ha dejado de tener el peso de otras épocas, aún hoy persiste esa tendencia a discriminar socialmente obesos y delgados. Si usted es delgado, piense cómo debe sentirse una persona que quisiera vestirse con esa ropa de moda y no puede, ya porque no consigue talle para su cuerpo, o bien porque si lo consigue luce verdaderamente ridículo. Si usted es obeso, sabe muy bien de qué estoy hablando.
Otra circunstancia que aqueja siempre al obeso esla limitación que tienen debido al volumen de su cuerpo y lo que ocupan en el espacio o pesan. Conseguir acomodarse en un asiento de avión de clase turista es toda una odisea, por lo que muchos optan por comprar dos pasajes o lo hacen en primera clase con los costos que eso significa. Viajar en ómnibus (de pie o sentado) es absolutamente incómodo tanto para el obeso como para el resto de los pasajeros; cada giro o movimiento molesta inevitablemente a alguien y se la pasan pidiendo "perdón" y "permiso". El sillón de la casa también se ha dado por vencido a sus formas y a su peso, y son otros quienes se agachan a levantar sus cosas o a anudarles los cordones. También el control remoto resulta casi tan importante como el mismísimo oxígeno del aire.
Pero todo esto no es nada: también las puertas son chicas, los autos incómodos, las sillas débiles, los zapatos barcazas, la ropa estrecha, los sudores profusos, la respiración rápida, el cansancio inmenso, la balanza un martirio, y el martirio... eterno.
¿Se puede salir de esto?
Sí. Sólo una cosa se necesita: decisión. Pero no una decisión superflua o pasajera, sino una firme decisión de cambiar.
Suelo hacerle a los obesos esta pregunta:¿qué está dispuesto a hacer para solucionar su problema? La gran mayoría responde: y... bajar de peso. Respuesta obvia, pero que no contesta a la pregunta. Repito: ¿Qué está dispuesto a HACER para solucionar su problema? HACER, dije. No OBTENER. Repito: HACER. La respuesta correcta debería haber sido: "lo que sea necesario". Un mal típico de la época: OBTENER, y no HACER.
Muchos obesos entonces fracasan en los tratamientos porque comienzan confundiendo "lo que quieren lograr" con "lo que están dispuestos a hacer para lograrlo"; y allí está la solución. Haciendo "TODO lo que haya que HACER", se llega a "lo que se quiere TENER". ¿Me explico?. Trasladándolo a otros ejemplos: muchos quieren ser ricos sin trabajar, profesionales sin estudiar, famosos sin ameritar; ¿usted quiere ser delgado por decreto? ¡Imposible! Mi amigo... hay que trabajar, así que... ¡manos a la obra, y a no quejarse!
Y si necesita ayuda, pídala.
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