La "Diabetes Mellitus" es una enfermedad crónica que puede presentarse de diferentes maneras. Dentro de las más conocidas por la gente están la tipo 1 y la tipo 2, que no son otra cosa que formas clínicas de la enfermedad.
La
diabetes es una enfermedad crónica y evolutiva, su presentación clínica es muy
variable y depende mucho del grado de deficiencia de la acción insulínica que se
presente.
El
defecto insulínico (causa de a enfermedad) se manifiesta fundamentalmente sobre
el metabolismo de los azúcares. Cuando la glucemia (concentración de azúcar en
sangre) se eleva por encima de los valores normales, más de 125 mg% pero no
llegan a 180 mg%, la diabetes suele ser asintomática (sin síntomas clínicos
aparentes). Pero cuando supera estos valores, aparecen los síntomas y signos
típicos de esta enfermedad. Glucosuria (aparición de azúcar en la orina),
Poliuria (exceso de micción y frecuencia urinaria), Polidipsia
(sed marcada, más de lo normal y por lo general nocturna), Polifagia
(exceso de apetito), Pérdida de peso corporal, a pesar de comer más y
Deshidratación (pérdida de líquidos corporales, a pesar de tomar más
cantidad). Si este cuadro clínico continúa a través de las horas sin diagnóstico
ni tratamiento adecuado, el paciente puede entrar en un cuadro denominado
Acidosis Diabética, que es un marcado grado de descompensación metabólica,
pudiendo terminar muchas veces en el Coma Diabético. Por lo descrito hasta este
momento, podemos decir que muchas veces el paciente diabético puede comenzar su
enfermedad con una triada de síntomas propios e inconfundibles de esta
enfermedad: Poliuria, Polidipsia y Polifagia, acompañándose con Hiperglucemia y
Glucosuria.
Podemos
decir que hay varias formas diferentes de Diabetes, pero hay dos formas clínicas
que son las más comunes y con las que se identifica esta enfermedad: la Diabetes
tipo 1 y la Diabetes tipo 2. Estos dos tipos de diabetes, son dos formas
clínicas de la misma que tienen etiologías diferentes y sus complicaciones
también. Describiré cada una de ellas.
Diabetes Insulina-Dependiente (D.I.D) tipo 1:
Su
aparición es brusca, con tendencia a la descompensación metabólica y "acidosis"
con marcado deterioro del estado nutricional. Este tipo de diabetes, las
personas que la padecen necesitan de la aplicación diaria de insulina para la
supervivencia. Afecta más comúnmente a niños, jóvenes y adultos jóvenes por lo
general menores de 30 años, aunque puede aparecer a cualquier edad. Su pico de
mayor incidencia se encuentra entre los 10 y 15 años de edad. Muchos
investigadores y estudios, vinculan la aparición de este tipo de enfermedad, con
enfermedades virales y con mayor frecuencia durante los meses fríos. En los
niños la forma más frecuente de su aparición es brusca, llevándolos rápidamente
a la acidosis. En los adultos, el comienzo por lo general es más lento y muchas
veces sin llegar a la instancia de la acidosis. Esta forma de diabetes la
padecen el 10% de los diabéticos.
Diabetes No - Insulinodependiente (D.N.I.D) tipo 2:
Es la
forma más frecuente y comprende al 80 y 90 % de los pacientes diabéticos. Este
tipo de diabetes se caracteriza por no presentar tendencia a la descompensación
metabólica, denominada acidosis y no dependen de la insulina para vivir; aunque
en el transcurso de su evolución la pueden requerir pero en forma transitoria
(ya sea por complicaciones infecciosas, estrés, cirugía, etc.). Se presenta casi
siempre en personas adultas, mayores de 40 años, aumentando progresivamente con
la edad. La herencia familiar es el factor primario, actuando la obesidad como
primer factor desencadenante y que está presente en el 75% de los pacientes.
Desde el punto de vista de su evolución, responden muy bien al tratamiento
dietético y para los pacientes con sobrepeso u obesos, es fundamental lograr su
peso adecuado, para normalizar su glucemia. El 80% de los pacientes responden al
tratamiento con dieta e hipoglucemiantes orales (comprimidos para regular el
azúcar sanguíneo). En estos pacientes el descenso exagerado del azúcar sanguíneo
(hipoglucemia) es muy raro, en cambio son muy frecuentes las complicaciones
secundarias de esta enfermedad y su repercusión en los diferentes órganos y
sistemas: riñón, corazón, sistema nervioso, visión, etc. Estas complicaciones,
denominadas complicaciones tardías de la diabetes, pueden y deben ser prevenidas
y tratadas para mejorar la calidad de vida de todo paciente diabético. Para ello
es fundamental el buen control y tratamiento adecuado de la enfermedad.